Participar en el concurso Camarero del Año fue otro punto de inflexión en mi carrera.
Tuve que especializarme en áreas que, hasta ese momento, no había llevado nunca al extremo: protocolo, técnicas de sala, armonías, maridajes, destilados, cafés, emplatados en mesa, y una ejecución que no admitía ni un error.

Reto

La preparación fue tan intensa como el propio concurso. Tenía que entrenar cada detalle hasta automatizarlo: desde la forma en la que presentaba un plato hasta cómo controlaba mi respiración antes de ejecutar un servicio técnico. Todo debía salir perfecto, sin margen para la improvisación.
Competir frente a profesionales de altísimo nivel te obliga a elevar tu estándar personal.
Te das cuenta de lo lejos que puedes llegar cuando tu nombre está en juego, cuando tu reputación depende de un gesto, un segundo o una decisión.

Resultados

Esa experiencia no solo me dio reconocimiento, sino una mentalidad mucho más precisa, exigente y metódica, que hoy aplico tanto en la consultoría como en cada proyecto gastronómico en el que me involucro.